La teoría keynesiana nació en el contexto de la gran depresión, en que Estados Unidos y Europa están hundidas en una gran crisis y las teorías económicas clásicas no lograban dar respuestas a un sistema económico capitalista que intentaba recuperarse exclusivamente por sus propios mecanismos internos.

Es en este contexto donde aparece en la escena de la teoría keynesiana. Keynes fue un economista inglés que impuso una nueva forma de pensar la economía capitalista instaurando un marco teórico que traería aparejadas renovadas políticas. Realmente nació un paradigma diferente que dominó la escena político-económica desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y hasta principios de los 70, período que algunos llaman “la edad de oro del capitalismo”, pues la economía global experimentó un crecimiento sin precedentes en la historia.

Según Keynes, la economía se podía encontrar en Equilibrio, pero con un alto nivel de Desempleo. Para él, la Desocupación existente en Inglaterra, lejos de ser puntual, era estructural. Frente a esto, la autoridad debía hacer un enérgico uso de la Política Fiscal (Impuestos y Gastos gubernamentales) para “desatascar” la economía. En el Fondo, lo que proponía era que el Estado complementara el mecanismo de Mercado del sector privado, que no conseguía resolver por sí mismo el problema de la ocupación.

El planteamiento general que hizo Keynes en materia económica es que se debía incrementar el Gasto público en los períodos de Recesión -haciendo que el Estado incurriera en un Déficit– para generar Demanda adicional que estimulara la Inversión y disminuyera el Desempleo. De esta forma, Keynes confiaba en que el gobierno podía moderar y hasta eliminar los ciclos económicos interviniendo en la economía.

La importancia de la Teoría general de la ocupación, el Interés y el Dinero fue tal que, para muchos, funda la Macroeconomía, una de las ramas de la teoría económica moderna, dedicada a explorar las relaciones entre los grandes agregados de la Renta nacional.

Otro aspecto fundamental en la economía keynesiana es el papel que juegan las Expectativas sobre el Ciclo Económico. El autor consideraba que éstas -las cuales dependen exclusivamente de factores psicológicos- tienen efectos importantísimos sobre la Inversión y, por tanto, sobre la economía en general. Sin embargo, las decisiones de Ahorro las toman los individuos en Función de sus Ingresos, mientras que las decisiones de inversión las toman los empresarios en Función de sus expectativas. De este modo, no hay ninguna razón para que el Ahorro y la Inversión coincidan, como lo había señalado la mayor parte de los economistas clásicos.

La principal innovación de Keynes consistió en afirmar que el desempleo puede deberse a una insuficiencia de la demanda y no a un desequilibrio en el mercado de trabajo. Según Keynes, cuando la demanda agregada es insuficiente, las ventas disminuyen y se pierden puestos de trabajo, cuando la demanda agregada es alta y crece, la economía prospera. De este modelo se desprendían como medidas para la disminución del paro permanente involuntario, la adopción de una serie de políticas económicas intervencionistas: aumento de la creación de dinero, lo que redundaría en un descenso del tipo de interés; aumento del gasto público, especialmente en inversión en infraestructuras, con el fin de potenciar la demanda efectiva; una activa redistribución de la renta y, por último, una política comercial proteccionista, para defender los empleos de las industrias nacionales.

Así, cuando las expectativas de los empresarios son favorables, éstos están más dispuestos a realizar proyectos de Inversión, lo que provoca una fase expansiva y un gran Crecimiento a la economía. Por el contrario, cuando las Expectativas son desfavorables, la contracción de la Demanda puede provocar una depresión. Y es precisamente ante esto que el Estado puede impedir la caída de la Demanda aumentando sus propios Gastos.

En cualquier caso, lo que Keynes quiso transmitir es que el futuro era desconocido y “desconocible” -en el sentido de que no puede inferirse racionalmente-, debido a que está fuertemente marcado por variables psicológicas. Al hacer esta observación puso una enorme interrogante a la capacidad de realizar pronósticos útiles en la economía.

Crisis de la teoría keynesiana

Hacia principios de la década del 70 el mundo experimentó una nueva crisis conocida como estanflación, es decir estancamiento del producto conjuntamente con inflación de precios, que puso en tela de juicio e hizo caer en descreimiento al paradigma de la teoría keynesiana. Las ideas de política del gran economista del 30 resultaban en un embrollo frente al gran problema económico mundial, llegando muchos a culpar de tal crisis a las políticas inspiradas en las propuestas formuladas por Keynes.

Esto dio lugar, por un lado, al surgimiento a nuevas teorías que atacaban los postulados keynesianos y, por otro, a principios de los años 80 una nueva generación de economistas hiciera una revisión de las ideas keynesianas originarias, sobre todo en el Instituto Tecnológico de Masachusset (MIT) y en la universidad de Harvard, los que pasaron a denominarse neo-keynesianos.