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Parece mentira pero es cierto. A algunos se nos viene a la memoria aquel capítulo de Los Simpsons cuando Homer, M. C. Burns y su lacayo Smithers escapan de EE.UU. con un billete de un trillón de dólares en busca de una isla que comprar. Resulta que dicho billete fue hecho por los americanos como medida del Plan Marshall, y que tuvo que portar por aquel entonces un jovencísimo piloto llamado Burns hacia Europa. Desafortunadamente nunca llegó a su destino. Esto es ficción, pero la realidad vuelve a superar a la ficción. Los EE.UU. podría acuñar una moneda de platino de un billón de dólares. ¿Prepotencia? ¿Locura? No, una triquiñuela.

moneda de un billon de dolares

Como podemos leer en “ElEconomista“, acuñar una sola moneda de platino, por un billón de dólares (unos 765.000 millones de euros), podría permitir al Gobierno de Estados Unidos lograr un aumento del techo de endeudamiento sin pasar por el Congreso, una triquiñuela inédita pero que cada vez más expertos en este país consideran viable.

El congresista Jerrold Nadler ha dado credibilidad a la absurda noticia que nos llega desde la otra parte del “charco”: “suena estúpida, pero es absolutamente legal“. “Cuando te chantajean con destruir la economía nacional, tienes que considerar alternativas“.

La vía normal para salvar el abismo fiscal (fiscal cliff) sería que republicanos y demócratas llegaran a un acuerdo para aprobar los presupuestos. En el caso que no se llegara a un acuerdo, la imaginación y las lagunas legales empiezan a funcionar. Una de estas ideas fue la de la moneda, que empezó a circular por Internet en 2011, pero que no tuvo mucha importancia. Ahora sí.

Según la ley, el Tesoro puede acuñar una moneda de platino y asignarle el valor que desee, algo que normalmente se limitaba a la producción de monedas para coleccionistas de valores relativamente bajos. El Tesoro no tiene la capacidad de imprimir dinero, algo que es potestad de la Reserva Federal, pero el recurso legal a la “moneda de platino”, por caprichoso que parezca, podría evitar que se repitan los enconados debates en el Legislativo del verano de 2011, que condujeron a la pérdida de la triple A en la calificación de la deuda estadounidense por primera vez en la historia.

Cada vez son más los economistas que apuestas por este medida tan peculiar, como es el caso del Premio de Nobel de Economía, Paul Krugman, que comentó que es una “medida peculiar” pero que “vivimos en un tiempo económico extraño, en el que las reglas normales ya no cuentan“.

La otra alternativa que tiene Barack Obama aparte de las dos ya mencionadas, es invocar a la Decimocuarta Enmienda de la Constitución que permite al mandatario utilizar su poder ejecutivo para que la validez de la deuda pública de Estados Unidos no sea cuestionada.

La Casa Blanca ha reiterado que no contempla recurrir a esta opción constitucional, aunque algunos medios estadounidenses no la descartan del todo si las negociaciones con los republicanos, que piden recortes a cambio de un acuerdo sobre la deuda, vuelve a estancarse.