Cuando viví en Alemania, una de las cosas que más me impactó y me gustó fue su servicio de reciclaje. En cada supermercado de Alemania tiene varias máquinas para devolver envases vacíos de cerveza, agua, refrescos… Se introduce la botella o la lata usada en una abertura y a cambio reciben un ticket que pueden canjear por dinero en caja: por cada envase devuelto, recuperan 0,25 euros¿Se puede implantar algo parecido en España?

Hace nueve años que Alemania introdujo este sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) y hoy este país ha alcanzado una tasa de recuperación de estos envases del 98,5%. Datos muy buenos.

En cada supermercado, cuando vas a comprar, puedes introducir las botellas y latas que has usado en tu casa en una máquina, que te devuelve una cantidad de dinero dependiendo del tipo de envase, siendo lo más usual 0,25 euros. Al final de la introducción de todos los envases, la máquina expende un ticket con el total de impuestos reciclajado, que lo canjeas a su vez en caja una realizada la compra, descontando del total de la compra, los euros del ticket.

La vuelta de esos 0.25 euros no es un regalo por reciclar, sino una devolución del impuesto (Pfand) que lleva cada producto de agua mineral, botella de refresco o lata de cerveza asociada a su valor. Cuando en un supermercado, el cliente ve que la botella de agua vale 0,50 euros, al pasar por caja el producto, se produce la inclusión del impuesto. La única forma de recuperar dicha cantidad de dinero, es devolviendo àra el reciclaje la botella en las máquinas previstas para ello.

“Esto no supone ningún coste adicional para el consumidor”, asegura Maria Elander, de Deutsche Umwelthilfe, la ONG que impulsó la instauración de este sistema de depósitos en Alemania, como ocurre en otros 32 países o regiones del mundo, entre ellos, Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia u Holanda: “Sólo pagan los que no devuelven el material: el que contamina paga”.

Uno de los efectos directos que tendría la implantación de esta medida en España, sería ver las calles más limpias, sin rastro de botellas, botellines, latas… Por ejemplo, en Alemania tras la inclusión del sistema SDDR, sus defensores aseguran que uno de sus efectos más impactantes salta rápidamente a la vista en cualquier ciudad: las latas y botellas tiradas en el suelo desaparecen de golpe de las calles o espacios públicos. Lo que antes era basura, se cambia ahora por dinero. “No sólo reciclamos más, también lo hacemos con mayor calidad”, incide Elander, que explica que al no juntarse con basura, el material recuperado para reciclar es de mayor pureza y se puede vender a un precio mucho mayor. “Cuando preguntamos a los consumidores, el 80-90% nos dice que le gusta el sistema”, asegura la alemana.

Esto es un dato que yo lo corroboro. No se ven plásticos ni latas por las calles. Además, en caso que alguien tirase algún envase ( y su dinero ) al suelo, siempre hay alguien que los recoge. En este caso, suelen ser dos tipos de personas: jubilados, que llegan no muy bien a final de mes, y gente que vive en la calle, para obtener ingresos y comprar algo para llevarse a la boca.

Pero aquí no queda la medida. La medida se extiende a otros ámbitos más sociales. Por ejemplo, en los bares de las residencias estudiantiles, por cada cerveza que pides, te graban con hasta un euro. Pagas la cerveza, su impuesto y a cambio te dan una botella o botellín de cerveza y una “moneda” que simboliza el euro pagado. Para recuperar el dinero “extra” pagado, debes devolver la botella de cerveza y la moneda. En la calle, cuando se reúnen en fiestas típicas, como por ejemplo, los mercados navideños o el ya tradicional “Oktoberfest” o fiesta de la cerveza que cada ciudad o pueblo tiene (no es exclusivo de Munich, aunque este sea el mas famoso) debes pagar dicho impuesto, que se te será devuelto al dejar tu cerveza acaba o vino caliente acabado.

Esto último podría y debería implantarse en las fiestas locales. Es de muy mala educación y asqueroso ver las toneladas de basuras que se crean con motivo de la bebida. Si en lugar de dar vasos de plásticos porque sí, se llevara a cabo la implantación de los 0,25 o 0,5o euros por vaso de plástico o litrona, el envase sería devuelto en muchas ocasiones, siendo más sencillo su recogida y reciclaje, así como el descenso de basura que las fiestas acarrean.

En Alemania se recuperan al año unos 16.000 millones de envases: un 80% de ellos son tragados por estas máquinas en supermercados y el 20% restante se recolecta de forma manual en pequeños comercios. Todos los establecimientos están obligados a recoger lo que venden, pero, según Elander, las grandes superficies se han dado cuenta que estas máquinas pueden ser también un reclamo para atraer clientes. “Las colocan al final de las tiendas”, comenta.

En España, la mayor parte de los envases (salvo los de vidrio) se deben tirar en elcontenedor amarillo, haciéndose cargo de ellos la empresa gestora Ecoembes, que recibe dinero de los fabricantes para su reciclaje (por el llamado punto verde). “Ahora, como mucho el 30% de los envases va al contenedor amarillo, el resto acaba en vertederos, en incineradoras o tirados en calles o playas”, asegura Víctor Mitjans, de laFundació Catalana per a la prevenció de Residus i el Consum Responsable, una de las organizaciones impulsoras de Retorna, junto a Greenpeace, Ecologistas en Acción, Amigos de la Tierra, Fundación Global Nature, CCOO, la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU) o las 350 empresas del Gremi de Recuperació de Catalunya. “Llevamos 10 años con el contenedor amarillo y estamos estancados”, defiende Mitjans, que recalca que los fabricantes pagan sólo por los envases que se tiran en el contenedor amarillo, pero no por el 70% restante que asegura sigue desperdigándose por cualquier parte. “Eso lo paga la ciudadanía a través de tasas e impuestos de los entes municipales para la limpieza de las calles”.

 

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