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La era de los superdepósitos parece haber tocado su fin después de que el Banco de España haya aconsejado limitar su rentabilidad al 1,75%. En este contexto, los seguros de ahorro y los fondos garantizados se postulan como una de las alternativas más atractivas para el inversor conservador.

Los fondos garantizados son un producto popular entre los inversores españoles y suponen una apuesta recurrente de las gestoras (ver información adjunta). Los seguros, en cambio, no son tan conocidos entre los ahorradores.

Estos productos cuentan con una doble faceta. Por un lado, el formato es el de un seguro de vida, por lo que en caso de fallecimiento del inversor (el tomador de la póliza) el beneficiario recibiría una cuantía predeterminada. Sin embargo, esta cuantía es habitualmente reducida (en torno a los 500 euros) , ya que su verdadera vocación es actuar como productos de ahorro. De este modo, el capital aportado por el cliente (o prima) genera una rentabilidad que podrá ser fija o variable en función de las características del producto.

Los seguros de corte más conservador, con el capital y la rentabilidad garantizados, están ofreciendo intereses anualizados del 2,5% al 4,25% (ver cuadro inferior). “Existen productos que pueden competir perfectamente con los depósitos y que destacan por su transparencia y la claridad de la gestión”, afirma Sonsoles Santamaría, directora general de negocio de Tressis. Desde la firma de inversión, que acaba de obtener la licencia para operar como mediadora de seguros, aclaran que la rentabilidad de estos productos no se mide en términos de TAE (Tasa Anual Equivalente), como ocurre en los depósitos, sino de interés técnico. “Se trata de un interés bruto antes de gastos, entre los que se incluye la prima del seguro de vida que lleva aparejado el producto”, explica Santamaría. Estos gastos que hay que deducir de la rentabilidad pueden ascender al 1%. Por otro lado, la rentabilidad se garantiza habitualmente a plazos de tres, seis o doce meses, independientemente de la duración del producto, por lo que suele estar sujeta a una revisión periódica.

Aunque muchos seguros suelen tener un horizonte de inversión a largo plazo, que es cuando las rentabilidades son más elevadas, también se pueden plantear como inversiones a corto plazo, en función de las necesidades del cliente.
De hecho, muchos productos son de duración indefinida, como el Aviva Dinero Seguros, el Flexiplus Depósito Flexible de AXA y el CuenTAEgon. Esto implica una ventaja fiscal, ya que el cliente no tendrá que tributar hasta que decida rescatar el capital.

En cuanto a la liquidez, y al igual que sucede con los depósitos, las aseguradoras suelen aplicar una penalización sobre los intereses acumulados hasta la fecha si la retirada del capital (o rescate) se produce antes de un plazo determinado, que suele rondar los 12 meses.

En este punto hay excepciones, como el Plan Ahorro Fácil de Mutua Madrileña, en el que el cliente puede rescatar la inversión cuando lo desee, obteniendo tanto el capital aportado como el 100% de los intereses generados.

En otros casos, como el del Europlazo 25 meses de BBVA Seguros, la garantía sólo opera al vencimiento del producto, al cabo de dos años y un mes. Por tanto, el inversor que desee rescatar el capital antes de esa fecha obtendrá el valor de mercado que tenga en ese momento su inversión, que puede ser superior o inferior al capital aportado inicialmente.

Fuente: Expansion.com