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El modelo keynesiano (John Maynard Keynes) además de buscar explicar las fluctuaciones en la economía, plantea también políticas para contrarrestar los procesos depresivos. Políticas que pudieran eliminar los ciclos (contracíclicas) y sacar a la economía del nivel de equilibrio con desempleo al que supuestamente llegaría.

Estas políticas no sólo consisten en medidas para estimular la economía en una situación como la de la depresión de los 30, sino que plantean también formas de desacelerar o enfriar la economía. Para afectar los niveles de gasto agregado, las políticas keynesianas proponen variaciones en el gasto gubernamental, en los impuestos o cambios en la oferta monetaria. Lo que a la política fiscal respecta es precisamente la capacidad que tiene la entidad gubernamental para variar tanto sus niveles de gasto como los niveles de impuesto ya sea con fines de estimular o frenar la economía.

Visto desde la perspectiva del presupuesto del gobierno, la política fiscal vendría a ser la capacidad para manipular el déficit o superávit presupuestal con el objetivo de influenciar el nivel agregado de la economía. La proposición keynesiana de un ente gubernamental con un rol activo en la determinación del nivel de las principales variables macro se opone totalmente a la política de Laissez-Faire de los clásicos. Durante los 60´s y 70´s esta política fiscal keynesiana constituyó una herramienta de
regulación económica bastante utilizada y que posteriormente provocaría grandes debates. Hoy en día, el tema del intervencionismo en la economía sigue siendo motivo de discusiones entre la propuesta clásica de Reglas Fijas y la keynesiana de Discreción.

Regresando a la ecuación keynesiana que planteamos anteriormente, veamos cómo actúa la política fiscal:

DY = [ 1 ] [ DCo – bDTo + DIo +DGo + D (Xo – Mo) ] (1 – b )

La idea principal de esta política es que un cambio en el gasto del gobierno (DGo) o en los impuestos (bDTo), puede constituir un cambio inicial que será incrementado por efectos del multiplicador tantas veces como la magnitud de éste sea, de modo tal que el efecto final será una variación del ingreso de equilibrio igual al multiplicador por la variación (sea en el gasto de gobierno o en los impuestos). De acuerdo con lo que acabamos de mencionar, tendríamos que las respectivas variaciones en el ingreso de equilibrio serían:

                        D Y = [ 1/ (1 – b) ] [ DGo] ó D Y = [ 1/ (1 – b) ] [ -bDTo]

Nótese que en el caso de los impuestos el signo negativo está mostrando que el efecto es contrario al de variaciones en el gasto del gobierno. Más aún, el efecto de una variación en el gasto gubernamental es directo, mientras que los impuestos actúan indirectamente a través de la función de consumo:

                                                 C = Co + b (Y- T)

En esta función podemos apreciar que una reducción de los impuestos incrementa el ingreso disponible de las familias, con lo que éstas consumen más, lo cual a su vez desplaza hacia arriba el gasto agregado. Un desplazamiento en el mismo sentido de la curva de gasto agregado se puede obtener con un incremento del gasto del gobierno; pero en este caso para lograr un desplazamiento de la misma magnitud la variación en (Go) deberá ser menor que la de los impuestos por su efecto directo.

Políticas fiscales expansionistas en una economía con recesión

La propuesta keynesiana para una economía con estas características es aplicar la política fiscal, sea incrementando el gasto de gobierno o reduciendo los impuestos, de modo tal que se incremente el gasto agregado y, a través del multiplicador, se incremente también el nivel de ingreso de equilibrio hasta alcanzar el deseado. Una política en este sentido es denominada ‘expansiva’ ya que tienen como efecto estimular la economía.

política expansiva

Es interesante mencionar que siempre que nos referimos a un incremento en el gasto del gobierno éste está financiado por la venta de bonos y no por un aumento en los impuestos. Si esto fuera así estaríamos frente al caso de un “Multiplicador de presupuesto equilibrado”. Cuando el incremento en el gasto se financia con bonos esto tendrá dos efectos; el primero será un aumento de la tasa de interés con el subsecuente efecto atenuante en el crecimiento del producto. El segundo, será un incremento en los impuestos futuros o una disminución en el gasto público futuro con el fin de mantener un presupuesto equilibrado intertemporalmente. Esto se traducirá en un efecto atenuante en el multiplicador si las familias logran anticipar dichos aumentos.

Por otro lado, si los impuestos se incrementan en la misma cantidad que el gasto fiscal nos enfrentaremos a otro multiplicador. En este caso, cuando se incrementa G en una unidad el producto se incrementa en [1/(1-b)], mientras que un aumento en T de una unidad disminuye el producto en [b/(1-b)]. Por lo tanto, el efecto combinado de ambas políticas será [1/(1-b)] -[b/(1-b)] lo que es lo mismo que decir [(1-b)/(1-b)] = 1. Finalmente, podemos afirmar que con un presupuesto equilibrado, un incremento en el gasto fiscal tiene un efecto multiplicador de 1, es decir, el producto se incrementa en la misma magnitud que el gasto del gobierno.