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Después de los Manolos, de Blahnik, en los primeros años de la década, se puede decir que Chie Mihara es la gran marca-revelación de los últimos años. Sus zapatos están en más de 1.000 tiendas de todo el mundo, incluidos algunos de los grandes templos del shopping de Nueva York, Londres, París o Tokio, nombres legendarios como Saks Fifth Avenue, Neiman Marcus, Selfridges, Printemps o Isetan. Nada baratos (300 euros de media), sus modelos suelen suscitar muy buena respuesta de la crítica, que los define como “dulces” y verdadera pasión entre sus compradoras, que le envían desde todo el mundo a su web auténticas cartas de amor en las que le dicen cosas como: “Por fin tengo mis Chies. ¡Son preciosos!”.

chie mihara

EMPRENDEDORES: Sus zapatos están teniendo un gran impacto mundial. ¿Como empezó de todo?

Pues, muy pronto. Ya de pequeña me quería dedicar a la moda. Con 13 años, estando  en clase, aburrida, dibujaba en los libros y soñaba con ser una diseñadora admirada. Tenía una visión y el tener una visión te ayuda a alcanzar metas

EMP. ¿Y cómo convirtió esa visión en realidad?
C.M. Entre los 18 y los 22 años me fui a Japón a estudiar moda en Kyushu Design, después trabajé para una diseñadora muy famosa, Junko Koshino, pero me desencanté y quise pasarme a las artes plásticas. Fui entonces a Nueva York a estudiar escultura, que me gustaba, pero empecé a echar de menos la moda y a pensar como podía  unir las dos cosas, así que pensé en diseñar zapatos, la unión perfecta.

EMP. Lo suyo hubiera sido empezar la marca en Nueva York. ¿Por qué en Elda?
C.M. Quería venir a Europa, pensando en Italia que es donde pensaba que estaba la gran industria del calzado, y se lo comenté a uno de los directivos de Charles Jourdan en Nueva York: me dijo que tenían una filial en Elda, y me vine para aquí en 1995. Pero mi trabajo era coordinar las colecciones y la fabricación. Charles Jourdain hacía un calzado muy clásico y los diseños que preparé ahí no encajaban con su línea.

EMP. Todo fue saliendo como estaba planificado. ¿Resultó fácil?
C.M.  No. Tuve que convencer a mi marido [Francisco Sanchís] que tiene una fábrica de componentes para el calzado, y que llevaría la parte económica y administrativa de mi empresa. Hubo que convencer también a su cuñado, dueño de una fábrica de calzado, para que hiciera mis colecciones. No fue fácil.

EMP. ¿Por qué no quería fabricar su colección?
C.M.  Cuando empiezas, encargas cantidades muy pequeñas, unos cuantos pares por modelo, y al fabricante no le compensa.

EMP. ¿Cuál es el secreto para crecer, en un mercado tan competitivo?
C.M. Creo que ha sido mi apuesta por la calidad y diseño, por encima de todo. Vivimos unos momentos difíciles, muchos ceden a la tentación de rebajar la calidad (de materiales, diseños, fabricación…) para bajar precios. Es una equivocación. La calidad es lo que refuerza la integridad de la marca. Puedes hacer una marca barata, pero si tienes una marca buena y empiezas a quitar cosas, a la gente no le va a gustar.

EMP. No todos parecen tenerlo claro.
C.M. Yo sí. En este punto ha habido personas muy inspiradoras para mí. Una de ellas fue Steve Jobs, el creador de Apple, que decía que “si haces un producto muy bueno, la gente va a pagar por él”.

EMP. Imagino que no será fácil mantener la integridad de la marca contra viento y marea.
C.M.  Cierto. Por eso yo pienso que el diseño y los números no pueden mezclarse. Los números tienen que estar en un lado y el diseño, en otro. Y esto no es nada fácil, sobre todo cuando estamos vendiendo más de 150.000 pares de zapatos al año y damos trabajo a 20 personas aquí, en la empresa, y a otras 40 o 50 en la fábrica, una fábrica que al principio dependía en un 3% de mis zapatos y ahora en un 95%. Además de varios centenares más de personas en empresas auxiliares (pieles, suelas, tacones…). Eso supone mucha responsabilidad, tanta que a veces tienes miedo de no acertar. Y el miedo puede paralizarte. Cuando ocurre, me doy cuenta de que no estoy creando nada bonito. El diseño sólo es bonito cuando es libre.

Fuente: RevistaEmprendedores