Etiquetas

, , , , , ,

El término “revolución marginalista” hace referencia al rápido éxito de la aplicación del principio de la utilidad marginal decreciente en las décadas de 1880 y 1890 y su descubrimiento simultáneo e independiente por tres autores sin relación alguna previa: el británico W. Stanley Jevons, el austríaco Carl Menger y el francés Léon Walras, que publicaron sus trabajos entre 1871 y 1874. Alfred Marshall también tenía madura la idea de la utilidad marginal decreciente hacia 1870, pero su obra clave, los Principios de economía, el canon de la economía neoclásica, no apareció hasta 1890.

Algunos autores han interpretado el marginalismo en clave de continuidad con la economía política clásica, basándose en la reivindicación marshalliana del escubrimiento de la utilidad marginal y en las importantes similitudes entre paradigma clásico y el marginalismo, que compartirían: una visión del mundo económico caracterizada por la división del trabajo, la propiedad privada de los medios de producción, los mercados y la ley de Say; el modelo sin Estado, aunque ambos aceptan que el Estado debe tener una serie de funciones esenciales para el funcionamiento de la economía; y, finalmente, el enfoque filosófico utilitarista que identifica la moral con la elección racional de los individuos egoístas.

Causas de la revolución marginalista

Ni el concepto de utilidad ni el principio de la utilidad marginal decreciente eran nuevos. Durante el período de hegemonía de la economía clásica e incluso antes se había ido fraguando una teoría subjetiva del valor, donde el valor provenía de la utilidad y de la escasez de los bienes, como el mismo David Ricardo había reconocido para algunos tipos de bienes muy concretos.

En Francia, el ingeniero Agustin Cournot empezó a utilizar en la década de 1830 el análisis matemático marginal aplicado a la teoría de la producción en su obra Investigaciones acerca de los principios matemáticos de la teoría de las riquezas (1838). Cada productor maximiza beneficios en un mercado donde las ventas están sujetas a la restricción de la demanda: si hay un solo productor (monopolio) la oferta puede influir en el precio, pero en un mercado competitivo ninguna empresa
puede influir en el precio. Cournot fue el primero en usar un diagrama para explicar como se determina el precio (aunque le sitúa en el eje de las abscisas) por la intersección de una curva de demanda de pendiente negativa, que muestra que las cantidades de bienes que se desean comprar descienden cuando el precio aumenta, y una curva de oferta de pendiente positiva, que muestra que las cantidades de bienes que los productores desean vender se incrementan cuando sube el precio.

En 1854, el alemán Hermann H. Gossen en su libro Evolución de las leyes del intercambio humano (1854) intentó matematizar y dar expresión gráfica al cálculo hedonista de Bentham, en el que estaba implícito el principio marginalista: para Gossen cada acto sucesivo de consumo produce un placer cada vez menor hasta llegar al punto de la saciedad, lo que él llama ley de las necesidades saciables y que se conoce también como primera ley de Gossen; Gossen también descubrió que un consumidor maximiza su utilidad si gasta su limitado ingreso de tal manera que la última unidad de dinero gastado en cualquier bien particular le produzca la misma utilidad marginal que la última unidad gastada en cualquier otro bien (lo que se denomina segunda ley de Gossen o principio de equimarginalidad).

Por qué el análisis marginal no revolucionó antes la historia del pensamiento económico? Generalmente se han aducido dos razones. La primera alude a la propia crisis interna del paradigma clásico; y la segunda razón tiene que ver con la deriva de la teoría del valor de la economía política clásica que la crítica de Marx convirtió en una teoría.

Triunfo del marginalismo

El marginalismo sólo fue revolucionario en Gran Bretaña, donde Jevons se enfrentó
abiertamente con la teoría del valor de los clásicos desde la tradición utilitaria. Formado como meteorólogo y químico, en su Teoría de la economía política (1871) planteó dos ideas innovadoras en aquel momento: el método apropiado de la economía debe ser matemático y la teoría clásica del valor es errónea porque “el valor depende completamente del grado final de utilidad” (lo que hoy denominamos utilidad marginal), esto es, del beneficio que un consumidor recibe de la última cantidad consumida.

Partiendo del supuesto de que las mercancías son escasas, Jevons introdujo así tres avances fundamentales en el cálculo hedonista de Bentham: la distinción clara entre utilidad total y utilidad marginal, el establecimiento del principio de equimarginalidad y el método gráfico-matemático, que se convirtió en la marca distintiva de los marginalistas. Jevons trató de aclarar las ambigüedades del término valor partiendo de la paradoja del agua y los diamantes de Smith: el valor de uso tiene que ver con la utilidad total, concepto que Jevons define no como una cualidad intrínseca de las cosas sino como una relación entre recursos por definición escasos y necesidades humanas diferentes para cada individuo (de ahí el nombre de teoría subjetiva del valor que se da a este enfoque); y el valor de cambio, que remite al “grado final de utilidad” y que depende del “deseo permanente que nosotros u otros tenemos de poseer más”.

Jevons consideró que el concepto de valor de cambio es equívoco y prefirió el de relación de intercambio. Así, el objeto de la economía sería el estudio de las relaciones de intercambio bajo las cuales se maximiza el placer, identificado con la utilidad, y se minimiza el dolor, que Jevons definió por primera vez como desutilidad. El utilitarismo se utiliza así para explicar el comportamiento de individuos que maximizan su utilidad en la asignación de un stock de bienes entre diferentes usos, en intercambios con otros individuos y en el trabajo para producir bienes de la explotación.

La utilidad y el marginalismo

La ley de utilidad se expresa como una función u = f(x), donde u es la utilidad total derivada de consumir una cantidad adicional x de la mercancía llamada X. Entonces ∆u/∆x es la utilidad marginal derivada del consumo de esa cantidad adicional de la mercancía X. La ley de la utilidad marginal decreciente viene expresada por el contraste entre la curva de utilidad total (ver Materiales), que crece hasta el punto X0, y la curva de utilidad marginal, que responde al cociente de las variaciones infinitamente pequeñas de la utilidad total respecto a las variaciones infinitamente pequeñas de las cantidades consumidas de la mercancía, ∆u/∆x, por lo que a partir del momento en que la utilidad total empiece a descender (a partir de X0), la utilidad marginal será negativa.

Como normalmente las mercancías tienen usos alternativos (se pueden consumir o se pueden intercambiar) y deben ser escasas para que alguien las pueda valorar, Jevons construyó su teoría del intercambio con el objetivo de mostrar cómo se llega a una asignación óptima de recursos, cuyas cantidades se consideran fijas, si los individuos maximizan sus utilidades en relación a la distribución original de los mismos, que se considera dada, junto con otros supuestos adicionales muy restrictivos: mercados perfectamente competitivos; mercancías infinitamente divisibles y uniformes, de calidad homogénea; y preferencias iguales de los distintos individuos.

Si se supone un individuo A que posee un stock de carne a y un individuo B que posee un stock de grano b y cada uno intercambian porciones de estos bienes (que llamaremos x e y respectivamente) se llegará a un punto de equilibrio (cesará el intercambio) cuando ambos igualen sus utilidades marginales, es decir, cuando la ratio de la utilidad marginal de los dos bienes iguale a los precios de los dos bienes. Esa condición es el principio de equimarginalidad y queda representada por la intersección de las curvas de utilidad marginal de las dos mercancías (grano y carne) en una relación de intercambio. A la izquierda de la línea qm, el individuo A obtendrá una ganancia neta de utilidad intercambiando carne por grano: obtendrá el área a’dga, siendo su ganancia neta equivalente al área hdgc.

A la derecha de la línea qm, el individuo B obtendrá una ganancia neta de utilidad intercambiando grano por carne: obtendrá el área b’kfb, siendo su ganancia neta equivalente al área ekfj. Siguiendo este procedimiento, obviamente en m cesará el intercambio, ya que para la tasa q el intercambio de una cantidad infinitamente pequeña de una mercancía por otra no aportará ganancia ni pérdida de utilidad y los grados finales de utilidad de los dos individuos serán iguales (Pasinetti 1985: 24-25; Blaug 1985; 392-393; Ekelund y Hérbert 1991: 381-383; Dome 1994: 79; Rima 1995: 265-266; Rodríguez Braun 1997: 216, 228-230, 246; Landreth y Colander 1998: 222, 226-228; Backhouse 2002: 168-169).