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El plan de reforma económica impulsado por el primer ministro nipón, Shinzo Abe, cumplió esta semana un año, lapso en el que ha obtenido notables logros pese a que los expertos subrayen importantes desafíos pendientes para alejar a Japón del estancamiento.

Elegido el 26 de septiembre de 2012 como presidente del Partido Liberal Demócrata (PLD), entonces en la oposición, Abe comenzó a esbozar un mes después esta estrategia que a las pocas semanas sería bautizada por los medios como “Abenomics”.

El político conservador se arrancó a defender unamayor coordinación en materia de política monetaria entre el Gobierno y el Banco de Japón(BOJ), órgano que, según él, debía fijar un claro objetivo inflacionario y optar por una flexibilización ilimitada hasta que se alcanzara dicha meta.

Aunque algunos críticos señalaron que esto podría comprometer la independencia del banco central marcada por la ley, el tono agresivo de Abe y el hartazgo del país para con la tibieza de los gabinetes del Partido Democrático (PD) bastó para convencer a la mayoría del electorado y de inversores de la Bolsa de Tokio.

Para cuando las urnas dieron la victoria al PLD en los últimos días de 2012, el selectivo Nikkei acumulaba ya un incremento cercano al 10 % con respecto a finales de octubre, momento en el que Abe mencionó por primera vez su programa.

La subida experimentada por el parqué tokiota fue entonces prácticamente proporcional a la caída que sufrió el yen con respecto a las divisas de referencia.

Con ambas tendencias de la mano, a día de hoy el índice referencial nipón ha acumulado una meteórica subida del 68 % con respecto a hace un año.

Por su parte, la divisa nipona está ahora un 30 y un 22 % más barata que el euro y el dólar, respectivamente, algo que favorece enormemente la competitividad de las exportaciones japonesas, que componen el 40 % del Producto Interior Bruto (PIB).

Mientras, la política de compra masiva de bonos que finalmente activó el BOJ en abril de este año a instancia de Abe ha logrado que la inflación se sitúe en terreno positivo tras 15 años de ciclo deflacionario en Japón.

Obstáculos del “Abenomics”

Esta subida de precios sin embargo aún responde en gran parte a la fuerte apreciación que han experimentado las importaciones japonesas -especialmente los combustibles fósiles- por la reciente subida del yen, y apenas empieza a transmitirse a los bienes no perecederos.

Pero este no es el más complejo de los obstáculos que encara el “Abenomics“, programa que consta de tres flechas: flexibilización agresiva, ampliación del gasto público y reformas estructurales.

Es precisamente este último pilar el que más dudas despierta entre los analistas, que ven pocos avances en la desregularización de varios sectores ante la parálisis de la clase política.

“Una de las razones del estancamiento nipón es la persistencia de una estructura de cárteles, con los costos que eso implica, y que hacen que las industrias japonesas, especialmente en el sector servicios, no sean competitivas”, explicó a Efe Kenneth Grossberg, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad tokiota de Waseda.

Expertos y organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) consideran también fundamental una mayor flexibilización del mercado laboral y en el ámbito comercial o una mayor incorporación de la mujer al trabajo para que Japón pueda consolidar el crecimiento de su economía.

A esto hay que sumar lo que algunos han dado en llamar la “cuarta flecha” del Abenomics, que vendría a ser una estrategia de consolidación fiscal contundente, una opción con la que el Gobierno no acaba de comprometerse plenamente pese que la deuda pública nipona es la mayor del mundo desarrollado.

“En la sociedad más avejentada del mundo, los jóvenes japoneses deben asumir una carga cada vez mayor para mantener a sus mayores. Sin embargo, están recibiendo un pedazo cada vez más pequeño del pastel económico, al tiempo que proporcionan una parte cada vez mayor del trabajo productivo”, recordó Grossberg.

El analista subrayó en este sentido que mejorar el desalentador panorama -empeorado por la pésima calidad y condiciones de las políticas de contratación actuales en Japón- que afronta la juventud nipona debe ser una de las trabas que el “Abenomics” debe atajar de manera más directa.

 Fuente: ElEconomista